Es curioso cómo la Vida nos va enseñando, cada día, en cada momento, con tantas herramientas y con tantos detalles, que resulta desconcertante pensar porqué no aprendemos. Desde pequeño tuve la idea que éramos como robots, que estábamos totalmente condicionados, y ahora, después de mucho caminar estoy totalmente convencido. Es así, y eso hace que nos perdamos tantas y tantas oportunidades para crecer. Por fortuna estos tiempos, precursores de una Nueva Era, han sido mágicos y nos han proporcionado muchos más elementos para crecer y un despertar espiritual que nos ha hecho avanzar mucho más rápido en unas cuantas decenas de años. Se podría pensar que hemos crecido porque hemos aprendido muchas más cosas a través de la técnica y los descubrimientos, y quizás resultaría lógico; pero también se podría pensar que hemos aprendido porque nos atrevimos a desaprender.
Al desaprender nos quedó un campo nuevo, distinto al del condicionamiento irrestricto, nuevo para intentar cosas inéditas, y esto que puede comprobarse fácilmente en el arte, sea cual fuere, también se da en el espíritu, al desafiar ideas preconcebidas, añejas, de otros tiempos, con razones muy dudosas. Y es en este espacio nuevo donde nos estamos moviendo, los que lo desean y lo intentan, un espacio infinito para todos los que están condicionados por ideas rígidas, inflexibles; un espacio donde la ayuda es también infinita, sólo hay que querer aprovecharla.
Y es nuestra responsabilidad aprovechar todas estas oportunidades, la Vida y el Universo están ahí como espejo para que aprendamos lo que debemos aprender, también están con las herramientas y recursos necesarios para que lo logremos. Es una disposición de amor; amor por nosotros mismos, y como consecuencia a todos los demás. Abramos los ojos y el corazón, con una actitud receptiva y amorosa, y haremos de nuestro planeta un lugar hermoso, un paraíso.