Posteado por: shanti2012 en: febrero 22, 2012
En el jardín de un monasterio, un viejo y sabio monje ciego estaba caminando con un pupilo. Era un lindo día de primavera. El jardín estaba por florecer y el viento soplaba suavemente. Cuando pasaron cerca de un melocotonero grande, el maestro movió su cabeza a fin de no toparse con las ramas colgantes. El pupilo miró asombrado y le preguntó:
– Maestro, ¿cómo es que usted vio esas ramas?
– Ver con mis ojos es sólo una sensación -respondió el viejo monje-. Yo escuché al viento cantar suavemente por las ramas del árbol.
El pupilo lo miró perplejo, a la vez que el monje ciego continuaba diciendo:
– Cierra los ojos y dime lo que oyes. ¿Escuchas latir tu corazón? ¿Oyes las pisadas del monje que atraviesa el jardín? ¿Escuchas al grillo que está a tus pies?
El joven miró abajo y, sorprendido, vio el primer grillo de la nueva primavera.
– ¿Cómo puede oír estas cosas? –exclamó el pupilo.
Y el monje ciego respondió:
– ¿Y cómo puedes tú no oírlas?